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Anécdotas con la Grafoterapia

Oigo con cierta frecuencia lo difícil que resulta para algunas personas creer que, a través de la escritura, se pueda intervenir en las funciones corporales y mejorar o eliminar sus alteraciones físicas.

Creer que la escritura refleja nuestro carácter es más fácil porque cada cual, en mayor o menor medida, ha experimentado que su letra cambia, incluso a lo largo del día, dependiendo de cómo se encuentre anímicamente en cada momento.

En este artículo no voy a hablar de la complejidad funcional del cerebro ni del cuerpo humano; ni de cómo cada orden neuronal afecta inevitable y paralelamente, con su bioquímica, a nuestra conducta y a nuestro funcionamiento orgánico. Voy a relatar la primera experiencia que tuve acerca de la influencia que los trazos ejercieron sobre mí, anímica y físicamente.

Quizá, después de leerlo, estas personas opten por conceder más respeto e importancia a la ejecución repetitiva de «un simple palote»; o quizá decidan hacer una incursión práctica con los trazos por aquello de «no creer», sino «experimentar». Si optan por esto último, su osadía ya irá prevenida; no les sucederá igual que a mí.

Con tres colores se forma la gama infinita de tonalidades;

con siete notas, todas las melodías;

con diez números, todas las operaciones;

y con doce trazos, todas las escrituras.

Vicente Lledó (1932-1993)

 

Estaba aún estudiando el curso lectivo que Vicente Lledó solía impartir sobre su Sistema de Grafología y Grafoterapia Racional. Había empezado en Febrero y ya era primavera.

En sus clases, hablaba de cada trazo, de la función nerviosa que se plasmaba con cada uno de ellos, y lo que significaba si eran ejecutados de una u otra manera.

De entre todos los trazos, había uno que me llamó especialmente la atención. Era el llamado «Baja/Avanzando» o «Baja por la izquierda».

Este trazo, nos decía, se encargaba de funciones de «administración» del organismo, de sus reservas; de almacenar todo cuanto le fuera necesario, ya fueran sustancias físicas o contenidos mentales. Por eso, el hígado era uno de los órganos a los que fundamentalmente afectaba, así como a la capacidad de memoria. Decía, además, que otorgaba al individuo seguridad personal en sus actos, pues anulaba su precipitación o impulsividad excesiva y le dotaba de la capacidad para saber hasta dónde podía llegar, etc. Pero a mí, lo que me motivó a practicar dicho trazo es porque la persona “sabría administrar debidamente su potencial energético y, con las mismas reservas, podría hacer más cosas y tener más actividad, sin cansarse“. Esta característica me interesaba mucho, dado el ritmo de vida que llevaba o quería llevar.

La condición fundamental de este trazo es que tiene que ser lento.

A casi la mitad de curso, yo ya creía que podía hacer uso de mis conocimientos, y me puse a practicar este trazo todos los días. Cada «palote» que hacía era ejecutado con una lentitud extrema. Y cada día realizaba aproximadamente medio folio.

En una ocasión, estábamos los alumnos esperando a que Vicente apareciera para iniciar nuestra clase y, como se retrasaba, quise aprovechar el tiempo y me puse a hacer «mi grafoterapia», mis palotes.

Una alumna que asistía para actualizarse de cursos anteriores, me preguntó qué estaba haciendo y para qué. Tras contestarle, me dijo “¿Sabes que lo estás haciendo mal, y que te estás cargando el sistema cardiovascular?”

Y de repente, como una película que rebobinara hacia atrás con una velocidad vertiginosa, se me vinieron a la cabeza dos imágenes de situaciones que me habían sucedido recientemente:

La primera escena correspondía a un sábado o domingo, tomando el sol en una plaza, con falda. Me quedé tremendamente impactada al descubrir que, en una de mis piernas, había una gran «araña» de venas oscuras que se me había formado; su tamaño era prácticamente como la extensión de mi mano. De siempre me recordaba haber tenido una pequeña vena, de menor tamaño que una uña, pero ¡aquello era gigantesco y yo no me había dado ni cuenta de su aparición ni de su desarrollo! El batido de emociones, perplejidad, temor y fastidio que sentí fue soberano. Sin embargo, lo atribuí a causas de «herencia», pues en mi familia hay dos casos que han tenido que ser intervenidos de varices. Me pensé: “¡vaya ritmo lleva esto!”.

La segunda imagen que se me vino a la cabeza fue que, en repetidas ocasiones, últimamente, había experimentado sobresaltos exagerados cuando cerca de mí volaban, repentinamente, los pequeños insectos que la estación había traído. La sorpresa de su presencia provocaba en mi corazón unas palpitaciones exageradas, fortísimas; lo sentía como si acabase de realizar un sobreesfuerzo físico descomunal.

Esta compañera alumna, me dijo cómo debía realizar correctamente el trazo: no sólo tenía que ser lento sino que, además, debía finalizar suave hacia la derecha.

Pues bien, no sé exactamente cuánto tiempo duró mi incorrectísima autografoterapia, ¿uno, dos meses? El caso es que no llegó a transcurrir ese mismo período ejecutando correctamente el trazo, para que los trastornos físicos que he comentado se remitieran completamente: como si nunca hubieran ocurrido.

Con carácter retrospectivo llegué a identificar los patrones de conducta insanos que se habían sucedido en esa breve etapa de mi vida en que me recuerdo haciendo empecinadamente mis palotes: enfados e irritaciones frecuentes por asuntos que, generalmente, magnificaba en su importancia; un sentimiento profundo de que llevaba razón en mis planteamientos y que, por ello, los demás tenían que dármela y hacerme caso; necesidad imperiosa de querer organizar todo y dirigir todos los acontecimientos, tanto los que me incumbían a mí como los que no, restando con mi actitud crítica, la libertad del otro para decidir por sí mismo lo que quería hacer y cómo lo quería hacer.

Por supuesto, estas actitudes impropias, al igual que las somatizaciones a las que dieron lugar, se redujeron a la nada en cuanto empecé a practicar una grafoterapia correcta.

Se crea o no, se quiera o no, todas las Leyes, incluidas las que rigen nuestra motricidad, tienen su repercusión y, según las cumplamos, serán positivas o no para nosotros.

Terapia Natural No Convencional

7 Responses so far.

  1. Salva dice:
    Felicidades por esta pagina. Me imagino que pronto la tendras del todo perfilada (en las FIG. no sale el dibujo). Muchas gracias Mari Carmen por compartir con todos tu trabajo, tu experiencia y tu saber.

    Gracias.

  2. Es un placer…, y un deber… Estamos trabajando para que todo esté dispuesto a la mayor brevedad…
    ¡GRACIAS!
  3. Juan Luis dice:
    he leido en internet que a una persona le ha ido muy bien con la técnica de la grafoterapia para tratar el TOC, ¿ha tenido usted algún paciente con este trastorno? ¿sirve esta técnica para por lo menos mitigarlo?.
    En caso positivo ¿como puedo contactar con usted?
    Muchas gracias y un saludo.
    • Hola Juan Luis:

      El cerebro no entiende de ‘terminologías clínicas’.
      Es mucho más fácil hablar ‘FUNCIONES DE PREVENCIÓN’, que pueden dar lugar a obsesiones, sentido perfeccionista, exceso de escrúpulos, de prudencia, manías, ansiedad, excesiva actividad mental, falta de entendimiento, miedos, fobias, etc… y que cada cual puede desarrollar en mayor o menor medida.
      Estos ‘matices de comportamiento’, SÍ tienen remedio a través de la Grafoterapia y Grafomotricidad que se aplica. Todos ellos están relacionados, fundamentalmente, con el trazo que llamamos SUBE/REGRESANDO, que SIEMPRE aparece alterado en estos casos.
      Actualmente, estos trastornos son muy frecuentes y constantemente son atendidos.
      El teléfono de contacto es 91 435 94 50
      Tranquilo. Hasta pronto.

      Mª Carmen

  4. Fernando dice:
    Yo llevo 1 año haciendo esta grafoterapia y JAMÁS pensé que haciendo trazos pudiera reodenar mi cerebro y toda mi vida como lo estoy haciendo.
    Esta terapia es una revolución científica en materia de terapia piscológica…. y lo dice uno que ha estado 12 años en terapia cognitiva-conductual…. con todos mis respetos hacia esta terapia. Los avances experimentados con la grafoterapia no tienen color con respecto a otras (es mi humilde opinión)

    Con la grafoterapia he dejado de tomas pastillas para dormir, puedo trabajar mucho mejor y relacionarme con mucha más seguridad y bienestar interior: adiós a la neurosis, adiós a las fantasías y evasiones mentales, adiós a las alergias (picores) y adiós a tantos y tantos síntomas de malestar.

    Pero hay un punto crucial para el éxito de esta magnífica terapia: CONSTANCIA; hay que hacer trazos todos los días… por lo menos 15 ó 20 minutos,…., si no, no se avanza.

    España, en 1492, descubrió América y en 1982, la Grafoterapia Racional….. dos hitos históricos de renombre

    ¡¡¡enhorabuena por este avance terapéutico tan estupendo!!!!!

    • Gracias, Fernando, por tu intervención, entusiasmo, coherencia, disposición… y tantas y tantas cosas más.
      Como hemos comentado en alguna ocasión: sobretodo las personas que lo habéis pasado muy, muy mal, tenéis más motivos para manteneros en esa constancia —con sus altibajos— y también valoráis mucho más el cambio —más que notable— que os empieza a acontecer.
      Vicente Lledó aplica su sistema grafoterapéutico desde 1972. Al principio, no eran 12 trazos: eran 36 ya que, cada uno de los doce actuales, los dividía en tres partes. Él mismo hace constar que es en 1976 cuando descubre ‘El trazo escritural’, y no es hasta 1982 cuando empieza a divulgarlo didácticamente.
      La importancia de este descubrimiento es manifiesta, sobre todo en cuanto a su aplicación terapeútica, pero también, dada su universalidad práctica, porque hace posible aplicar sus principios a multitud de tareas y campos, desde los más comunes y cotidianos, hasta los más excelos y de vanguardia.
      Impresionante la influencia de los trazos —o movimientos— en el funcionamiento cerebral… ¡Qué te voy a decir si tú mismo, aún percibiendo sus efectos, no puedes definir hasta qué profundidad pueden llegar…!
      ¡Gracias! ¡Hasta dentro de un rato…!
  5. MIRIAM GARCIA dice:
    tengo un hijo de 30 años con ezquisofrenia, quiciera saber si esta terapia de grafologia le llegará a curar o solamente le ayudaría en algo y si un enfermo de esta clase es capaz de concentrarse en hacer estos ejercicios tan lentamente como entiendo que hay que hacer.
    Felicitaciones a Ma Carmen Martinez,
    Gracias por su respuesta

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