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Entrevista-2 a Maricarmen Martínez Darsés

En esta entrevista, entre otras cosas, la autora cuenta su experiencia de aplicar tratamientos de grafoterapia en niños que padecen miedos o alteraciones de conducta de todo tipo.

Con tres colores se forma la gama infinita de tonalidades;

con siete notas, todas las melodías;

con diez números, todas las operaciones;

y con doce trazos, todas las escrituras.

Vicente Lledó (1932-1993)

— Maricarmen, ¿has trabajado con niños?

El más pequeño con el que he trabajado tendría unos tres añitos. Por supuesto que no sabía escribir, ni tenía un control motriz sobre los garabatos que hacía. Se limitaba a coger el lapicero con toda la mano, como quien coge un palo, y trazaba sobre el papel movimientos impulsivos y descontrolados.

Su mamá le trajo a consulta porque tenía un estreñimiento pertinaz que no conseguía paliar con nada, pese a haber probado con multitud de remedios.

Viéndole garabatear, observé que uno de los movimientos hacia la derecha, cuya ejecución debe ser suave hasta ir desapareciendo gradualmente, él siempre lo hacía al contrario, muy fuerte, y lo acababa más fuerte aún.

Así que, le puse sobre mis piernas y llevándole la mano, realizamos juntos el trazo en cuestión. Desde el primero de ellos, el crío se mostró receptivo y me miró sorprendido: “¿qué había pasado que había notado esa sensación?” Repetimos el trazo con gran entusiasmo pues le gustaba sentir el efecto que le producía. Al cabo de un ratito, diez minutos quizá, se cansó y se bajó al suelo. A continuación, enseñé a la madre a realizar bien el trazo, guiándole también la mano a ella hasta que lo aprendió, pues ella iba a ser la encargada de guiarle la mano a su hijo hasta nuestro próximo encuentro, que sucedería al cabo de una o dos semanas.

Cuando nos volvimos a encontrar, la mamá me contó de la notable mejoría que se había producido, y que era él mismo el que solicitaba «jugar» sobre el papel.

Otro cambio se había producido paralelamente en el chiquillo: ahora se mostraba alegre y sus ojitos brillaban. En el primer encuentro, su actitud era la de mirarnos desde un rincón, con aire malhumorado, arisco y rígido. Este cambio de actitud me lo corroboró la madre: ella también se lo había notado.

¿Es muy distinto el trabajo con niños al trabajo con adultos?

Yo diría que en el trato con unos y otros, hay grandes diferencias y también grandes similitudes, que podrían resumirse en que, los niños, deben aprender a aplicar cierta dosis de responsabilidad a la hora de desarrollar los ejercicios y juegos educativos, mientras que los adultos, deben aprender a aplicar cierta dosis de juego a la hora de desarrollar responsablemente esos ejercicios. Unos y otros están llamados a entenderse y a enseñarse mutuamente.

El niño quiere jugar, le tienes que ofrecer «juegos» didácticos, grafoterapéuticamente hablando. Si algo no le resulta agradable o interesante, tiende a interrumpir inmediatamente la causa que le provoca ese desagrado. Y eso es algo muy positivo, pues nos guía, fácilmente, en cómo y por dónde hemos de reconducirle constantemente para que pueda experimentar las ventajas que le aporta lo que le estamos enseñando, tanto para sus realizaciones en general, como para las percepciones placenteras que ello le debe producir. Es el juego, la atracción por lo que se está haciendo lo que, en definitiva, prevalece en la relación con los niños.

Cuando por motivos de edad o circunstancias particulares, se precisa del seguimiento de cualquiera de los padres para que el niño/a practique sus entrenamientos, suelen ocurrir dos cosas: primero, que la implicación del padre o de la madre ha de ser real, ya que debe recordar al niño, mediante una demostración práctica, cómo han de realizarse los ejercicios, con lo cual, el efecto benéfico también se extiende a ellos mismos, y se mejora notablemente su relación; y segundo, que la prisa que tienen para que sus hijos escriban “¡ya!”, debe ser sustituida por el entendimiento de que, para conseguirlo, han realizar un proceso gradual y ordenado de prácticas motrices y de control articulo-muscular, postural, etc., compensándoles su paciencia, con los cambios de actitud y aptitudes que el pequeño/a irá mostrando desde el primer momento.

En la relación terapéutica con los adultos, sin embargo, lo que generalmente se trabaja, sobre todo al principio, es que su sentido de responsabilidad no esté reñido con su sentido de disfrute. El nivel de autoexigencia y de sacrificio que el adulto suele traer, es desmesurado. Por lo tanto, hacerle consciente de las sensaciones grafomotrices que tiene en cada momento, y que no permita el mantenimiento de ninguna de ellas que le resulte desagradable, es condición fundamental para que, en su vida particular y gracias al efecto benefactor de los trazos escriturales, aprenda a «quererse» más y a hacer compatible las responsabilidades que tiene en el mundo exterior, con la de velar por su propio bienestar.

— ¿Qué tipologías has trabajado con niños? ¿Los resultados son más rápidos o más lentos que con los adultos?

Fundamentalmente los miedos y las alteraciones de conducta de todo tipo, desde desobediencias o envidias, hasta dificultades de relación con el entorno, nerviosismo, etc. Estos comportamientos pueden venir acompañados de somatizaciones, tales como eccemas o reacciones cutáneas de diversa índole, alergias, tendencias a accidentarse constantemente, incontinencia urinaria, etc.

También se trabajan los primeros síntomas de hiperactividad y falta de concentración que ya a estas edades se manifiestan y que, junto con la falta de interés y de ciertas dificultades para el entendimiento, les conducirían a un futuro fracaso escolar.

El niño, como el adulto, quiere sobre todo una cosa: ser feliz. La cuestión es demostrarle que puede serlo, a pesar de que tenga que realizar lo que en cada momento le corresponda. Por eso es importante que, por lo menos, uno de los padres haga grafoterapia con el niño. Porque, en muchas ocasiones, los padres no han resuelto sus propios conflictos personales y, sin quererlo, les trasladan a los hijos actitudes que resultan inadecuadas para su desarrollo y evolución. A lo mejor les dicen “¡Estate tranquilo!” mientras muestran una actitud completamente contraria a lo que se les está pidiendo que hagan, y eso, claro,… ¡no resulta!

Los niños de familias desestructuradas o con problemáticas más serias de lo que sería «normal», como por ejemplo padres drogodependientes, o en cárceles, etc. necesitan «dosis extras» de grafoterapia para que puedan sobreponerse y guardar la cordura y el equilibrio emocional que se requiere para hacer frente a tales circunstancias.

En cuanto a los resultados, más inmediatos en niños o mayores, se puede decir que, por el simple hecho de ser niños, el desarrollo psicomotor está menos grabado que en los adultos, lo cual favorece la inmediatez terapéutica, siempre y cuando se respeten las pautas lógicas en el entrenamiento escritural, así como los tiempos y ritmos propios de esas edades tan tempranas. El tiempo de dedicación diaria que los niños deben emplear es menor que el de los mayores.

Sin embargo, si un adulto «rescata» su alma de niño y lo suma a sus habilidades y conocimientos ya experimentados, los resultados no dejan de ser igualmente sorprendentes y rápidos.

— ¿Cómo tratas las enfermedades del alma?

Bajo mi punto de vista, todas las enfermedades son del alma, lo que pasa que unas se manifiestan a través de lo que llamamos psique o mundo mental, y otras se manifiestan a través de nuestro cuerpo. Nuestra tendencia a clasificarlo todo también ha tenido en cuenta a aquellas enfermedades que se manifiestan a través del cuerpo y que, sin embargo, su origen es claramente mental, y entonces decimos que son psicosomáticas; sin olvidamos a aquéllas otras que se producen en el plano emocional, y entonces, dependiendo del grupo de personas con el que estemos, se las llamará de una forma u otra. Pero en el fondo, todas, a mi entender, se producen porque en la persona existe una confrontación sin resolver entre ella y el mundo, o entre lo que piensa y lo que hace. Este sentimiento de disgregación interior es lo que yo creo que produce las enfermedades.

A colación de este tema, se me viene a la cabeza lo que decía Vicente Lledó, el descubridor de los doce trazos escriturales: “La gente se cree que de lo que se ha curado es de tal o cual enfermedad, pero lo que en realidad sucede es que se han curado del alma”.

— Las patologías mentales tienen tratamiento a través de la grafoterapia?

Toda patología mental va de la mano con una alteración bioquímica, de igual modo que toda patología física va acompañada de una alteración de conducta, mental.

La grafoterapia no hace distinciones entre «tipos de enfermedades». Por ejemplo, una persona viene para acabar con la depresión que mantiene desde hace años y, sin pretenderlo, empieza a mejorar cada vez más de esa úlcera en el estómago que también padecía. ¿Cómo es posible?

Parece ser que al estimular al cerebro para la realización consciente de doce tipos de movimientos, éste empieza a generar una química diferente, la que el organismo necesita para optimizar su funcionamiento, pero en un sentido global, no sólo parcial.

Al día de hoy, la grafoterapia no muestra un horizonte claro de hasta dónde podamos decir que alcanza en sus resultados.

El grafoterapeuta no toca a la persona, no le da nada para que ingiera; a lo más que llega es a guiarle mano que, por cierto, dependiendo de cada caso, se hace unas veces más necesario que otras.

La persona, a medida que aprende a realizar los movimientos con sus leyes dinámicas correspondientes, empieza a activar los múltiples recursos que su sistema nervioso posee y va encontrándose mejor cada vez, física y anímicamente. El objetivo último y culminante de la grafoterapia es que esos movimientos aparezcan en una proporción adecuada en su escritura espontánea. Cuando eso sucede, los cambios de comportamiento psíquico y fisiológico han alcanzado las cotas más desarrolladas del sistema nervioso, lo que nos asegura que dichos cambios han adquirido una solidez neuronal.

— ¿Cómo convences a un enfermo de alguna patología mental que su trastorno tiene cura a través de tu metodología?

Simplemente, que lo compruebe; que establezca un tiempo para ello. Con los avances que se han producido en el desarrollo de la grafoterapia y grafomotricidad, lo más probable es que la persona empiece a avanzar en la conquista de sí misma, si no en la misma consulta —más que frecuente, por cierto—, sí viene contando cambios al cabo de una semana. Cuando no es así, o bien ha hecho algo que no debía, o no ha hecho cualquiera de los ejercicios como se le ha indicado. El ritmo de avance lo pone cada cual. No será igual practicar ejercicios media hora semanalmente, que dos horas diarias. El grafoterapeuta no cura nada; sólo dirige el proceso del cambio escritural más adaptado a sus necesidades.

— ¿Con qué tipo de problema te gustaría enfrentarte que aún no hayas tratado?

Hay muchos, demasiados. Pero no quiero pararme en los nombres que se hayan asignado a los diferentes tipos de problemas, ni si se consideran sencillos o complejos, o si los sufre gran parte de la población o un número muy reducido. En todos ellos está afectada la integridad mente-cuerpo y cuando se aprende a usar mejor, en sintonía, los efectos benéficos son inmediatos.

“No hay enfermedades, hay enfermos“. Porque aunque dos personas te digan tener la misma enfermedad, las peculiaridades en cada cual las hace diferentes.

Hubo un tiempo en que sentía necesidad de abordar casos distintos a los habituales, por eso de comprobar hasta dónde podía llegar el método con el que trabajo.

Ya no. Cada caso es extraordinario por sí mismo.

Sin embargo, me gustaría hacer un especial llamamiento a todas aquellas personas que no se han rendido a la enfermedad, y que sientan o intuyan que pueden hacer algo más por mejorar su calidad de vida; o a aquellas otras que, periódica y repetitivamente, vuelven a padecer los mismos síntomas o alteraciones. A todas: que comprueben cómo, haciéndose con las riendas del movimiento de su propio dedo, pueden afectar a sus peculiaridades psíquicas (valor, templanza, seguridad, concentración, etc.) al tiempo que perciben mejorías en su estado físico.

Terapia Natural No Convencional

One Response so far.

  1. Estoy contento de ser uno de los muchos partidarios de esta pagina (: gracias!

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