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Grafoterapia

Sin duda alguna, la más fascinante aplicación de todo este Saber, es la grafoterapia, es decir, el análisis y la modificación consciente de aquellos rasgos escriturales que están manifestando una conducta errónea —tanto en nuestra psique como en nuestro soma—, con el objetivo de cambiar nuestra situación y circunstancias personales. Los resultados se producen, al mismo tiempo, en la mente y en el cuerpo.

La técnica grafoterapéutica se fundamenta en conseguir que los trazos alcancen un mayor equilibrio, y que las características con que han sido ejecutados obedezcan a las cualidades que resulten más acordes a cada uno de ellos en particular.

Postulado: Al hacer grafoterapia y llegar a cambiar la manera espontánea de escribir, se modifica también el funcionamiento nervioso de la persona.

La grafoterapia basada en el Método Racional de Grafología —registrado en Propiedad Intelectual por su autor, Vicente Lledó (1932-1993)— contempla doce únicas funciones neurofisiológicas.

Por ejemplo, una de las doce funciones neurofisiológicas nos habla de los «sistemas preventivos». Necesitamos prevenirnos de todo aquello que nos puede causar daño o no nos causa beneficio; bien sea prevenirnos de un virus, de un ladrón, de un mosquito, o de tener alimento en casa si, cuando lleguemos, queremos comer… Las partes del cuerpo que activemos para realizar esta función puede variar (ojos, sistema inmunológico, etc.) pero la función en sí, es la misma: “prevención”. Pues bien, cuando hacemos grafoterapia, toda la función en general se mejora (sin intervenir mucho, ni poco, ni a destiempo), actuando al unísono sobre todos y cada uno de los aspectos que requieran de nuestra prevención.

Cuando hacemos grafoterapia y regulamos la aparición de un trazo, estamos actuando, a la par, sobre ambos campos: el físico y el psíquico.

Otro ejemplo, al poner bien el trazo de la “solidificación”, no sólo los huesos, estructuras o tejidos que tengan que ser “sólidos” adquirirán la “solidez” necesaria para que tengamos buena calidad de vida, sino que potenciaremos también nuestra capacidad para “materializar” nuestras ideas y proyectos o, lo que es lo mismo, fortaleceremos nuestra voluntad y constancia hasta conseguir “darles cuerpo”.

Sería imposible que el trazo apareciese correcto en nuestra escritura y, sin embargo, nuestro estado físico y psíquico fuesen contrarios. O viceversa, que el entrenamiento con los trazos nos hubiera ido muy bien y la escritura no manifestara el cambio.

Si en la escritura no se manifiesta el cambio, indicaría que sólo habríamos puesto «paños calientes» en nuestros conflictos y que, la raíz de los mismos, anclada en las profundidades de nuestro sistema nervioso, seguiría permaneciendo igual.

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