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Hablemos de Escritura y Grafoterapia

Nuestra escritura refleja nuestro carácter, modo de comportarnos, aptitudes y actitudes… así como también nuestro estado físico en general. La «ciencia» que estudia estos datos se llama Grafología y una de sus aplicaciones es la Grafo-terapia, es decir, la terapia basada en la corrección del rasgo escritural.

Dos métodos de Grafología

Desde el siglo XIX viene desarrollándose el estudio de las escrituras en base, entre otros aspectos, a los diferentes tipos y tamaños de letras que somos capaces de realizar. Miles, por no decir millones o infinitos tipos de aes, de bés, cés, etc…, minúsculas; al igual que ocurre con las mayúsculas y los números. Y a cada una de las formas se le atribuye un valor psicológico distinto.

Este método de Grafología, que a partir de ahora y por diferenciarla, denominaré Grafología convencional, estudia también el aspecto que en general muestra el texto, la separación entre palabras, entre renglones, los márgenes, etc… y la firma ¡por supuesto!

Por cierto, es de uso común y creencia popular —según los dictámenes de este modo de entender las escrituras— que si el renglón se sube, significa que tendemos al optimismo, mientras que si se baja, significa que tendemos al pesimismo. Y esto no es así: independientemente de la tendencia psíquica que tenga la persona, puede haber escrito sin inclinar adecuadamente el papel o sin haber ubicado correctamente el antebrazo, con lo cual su renglón no transcurrirá recto. Los casos de excepción son aquellos en los que faltan las fuerzas físicas vitales y la persona, al no poder mantenerse en el transcurso normal del renglón, ocasiona que éste descienda.

Pero usted debe saber que existe otro método grafológico. Su descubridor, Vicente Lledó (1932-1993),  y lo denominó Grafología Racional. Este método, además de contemplar las cuestiones referidas anteriormente, tiene como fundamento principal el hecho de que, cualquier letra o grafismo que hagamos, consta, exclusivamente, de la combinación de doce únicos movimientos: los doce trazos escriturales.

Al igual que con tres colores básicos se forma la gama infinita de colores, o con siete notas musicales todas las melodías, o con diez números todos los cálculos imaginables, con doce trazos se crean todos los tipos de letras.

Este revolucionario método grafológico permite abordar los análisis con una precisión impensable en la historia de la Grafología. Cada trazo es la manifestación de una función nerviosa diferente: concentración, atención, constancia, orden, autoestima, creatividad, comunicación, relación física con el entorno, adaptación interna a los cambios, liberación, seguridad y defensa.

Dependiendo de cuánto aparezca cada uno de ellos en la escritura, podremos saber en qué proporción está utilizando la persona cualquiera de sus capacidades y, dependiendo de cómo los haya hecho y en dónde aparezcan, sabremos cómo y cuándo las emplea.

Cualquier alteración que tengamos, física o psíquica, se manifiesta en cualquiera de las irregularidades que presentan los trazos.

Grafoterapia

Si una escritura revela, por ejemplo, falta de concentración y de atención, y la persona cambia en su escritura espontánea y natural estos dos trazos negativos por los correspondientes positivos, ni aunque quisiera podría seguir manteniendo las mismas características psicológicas.

Pero además, el cambio afectará, inevitablemente, a su estado físico. Es decir, si tiene alergia a pólenes, animales, o cualquier otro trastorno en el que, por ejemplo, esté implicado el sistema inmunológico, va a verse también afectado. Quizá este efecto y relación obedezca a la máxima “mente sana, cuerpo sano”, pero neurofisiológicamente hablando tiene su explicación y quien quisiera podría confirmarlo.

Grafomotricidad

Reeducar en la enseñanza escritural requiere tener en cuenta, además, una serie de conceptos previos a la hora de escribir, como son la altura de la mesa, la inclinación del papel, la mano que utilizaremos (la escritura es, o debería ser, diferente según la mano con la que esté realizada —en otro artículo trataremos este tema—), posición y fuerza empleada por los dedos, la mano, antebrazo u hombros, etc.

Estos aspectos pueden repercutir tanto a la hora de escribir, que no sólo pueden errar completamente el análisis si el grafólogo no ha visto cómo se ha escrito sino que, además, si no se corrigen en la reeducación escritural, pueden hacer imposible la resolución de los conflictos planteados en terapia.

En este apartado de grafomotricidad, he elaborado una metodología específica, denominada Grafomotricidad Racional, que permite contemplar y desarrollar los trazos escriturales como lo que son: movimientos en el espacio, sujetos, como cualquier otro movimiento, a unas leyes y formulaciones mecánicas y físicas, que sólo es posible que se den correctamente cuando la vía nerviosa que estamos empleando —desde el cuello hasta los dedos— está relajada1.

Si esta relajación en el brazo no se produce, el cometido de la grafoterapia siempre será parcial e, incluso, negativo. Si no se reeduca a la persona para que vuelva a tener un control voluntario de tensión/relajación en su brazo, éste no podrá realizar esos movimientos naturales y benéficos; por el contrario, seguirá obrando y moviéndose de acuerdo a «sus» propias leyes, a «sus» propias trabas y fuerzas internas pero, no sólo al escribir, sino al realizar cualquier otra actividad.

Una grafoterapia completa afectará tanto a la mejora de nuestra escritura, como al modo de desenvolvernos y concebir la vida. Mejorar nuestros trazos en la escritura, supone mejorar nuestras aptitudes y, en definitiva, mejorarnos a nosotros mismos, en todos los aspectos.

 

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1 Con el transcurrir del tiempo, esta labor de relajación en el brazo se extendería al resto del cuerpo, facilitando y acelerando con ello el proceso grafoterapéutico.

Terapia Natural No Convencional

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