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Factores internos

FACTORES INTERNOS

Entre los aspectos internos, se estudian los procesos puramente neuromotores del escribiente, tanto de posición corporal en general, y específica en el miembro ejecutor —brazo, mano, dedos—, como de control sobre el tono muscular.

  • Dedos, muñeca, antebrazo. La posición de los dedos, la mano y el antebrazo es esencial para poder realizar correctamente cada uno de los doce trazos. La explicación de cada una de estas partes exigiría demasiado espacio y fotografías que, en esta ocasión, no es posible ofrecer. No obstante, se puede indicar que los dedos pulgar, índice y corazón, son los encargados de mantener relajadamente entre ellos el útil de escribir; que debe existir un ángulo entre las líneas de perfil de la mano y del antebrazo de aproximadamente 155 grados; y que el antebrazo debería estar siempre en la zona media del borde inferior del papel para evitar que el renglón ascienda o descienda de la horizontalidad deseada.
  • Rigidez. Tensión. En este sentido, la rigidez que cada vez más frecuentemente se observa se ha convertido en la primera lección que hemos de superar para poder desarrollar una escritura fácil y ágil. Frecuentemente, el camino al que nos conduce el aprendizaje y puesta en práctica de esta primera lección —el control de tensión/relajación— es realmente fantástico. A medida que vamos superando ejercicios que implican a funciones nerviosas simples, vamos acercándonos, de forma gradual, a funciones nerviosas cada vez más complejas, hasta alcanzar aquéllas que, en sintonía organizada, participan cuando escribimos.

   Si no se reeduca a la persona para que vuelva a tener un control        voluntario de tensión/relajación éste no podrá realizar esos movimientos naturales y benéficos; por el contrario, seguirá obrando y moviéndose de acuerdo a «sus» propias leyes, a «sus» propias trabas y fuerzas internas pero, no sólo al escribir, sino al realizar cualquier otra actividad.

   Sólo cuando hay un dominio de la relajación podemos empezar a trascender las normas puramente mecanicistas y desarrollar entrenamientos para que se generen cambios mucho más profundos. Sólo entonces podremos percibir que el origen del movimiento procede de nosotros mismos; que forma parte de nosotros y que, de hecho, estamos tan fusionados con él, que podemos decir que “somos movimiento, vibración“. Sólo cuando permitimos «su liberación» a través de nosotros, percibimos que su manifestación no nos implica esfuerzo alguno.

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