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Preliminar

Si la escritura nos muestra un panorama completamente extraordinario y novedoso, no es porque nos permita conocer las tendencias y comportamiento de la persona autora —aspecto éste que ya es, de por sí, sorprendente—, sino porque los resultados grafoterapéuticos y grafomotrices abren una magistral vía de estudio e investigación del sistema nervioso y de la repercusión sobre su estado psicofisiológico.

Yo misma, al principio pensé “esto es increíble” pero no es cuestión de «creencias». Para «saber» se requiere que nos adentremos en el estudio de la fisiología nerviosa aplicada a la escritura. La realidad es sorprendente.

El cerebro es el máximo responsable de nuestro modo de ser, nuestra conducta, nuestra psique, nuestro soma…

Cualquier alteración psíquica o somática está grabada en el cerebro. Cuando la persona escribe, su mano, con sus doce únicas posibilidades de movimiento, plasma en el papel estos impulsos nerviosos cuya orden de ejecución parte de las áreas más profundas del sistema nervioso central, arrastrando consigo todas las informaciones registradas en él.

El estudio de los movimientos empleados, así como las características de presión, velocidad, etc. con que han sido hechos, nos llevan a la interpretación de los «códigos de transmisión y comunicación» que está empleando nuestro sistema nervioso central. Al modificarlos conscientemente, es decir, al hacer grafoterapia y llegar a cambiar la manera espontánea de escribir, se modifica también el funcionamiento nervioso de la persona.

Trabajar con los movimientos escriturales supone trabajar con multitud de funciones nerviosas. Es imposible que una persona cambie la escritura y siga comportándose de igual forma; ni a nivel físico, ni a nivel psíquico. Lo quiera o no, lo crea o no, esto es ley. Al cambiar los trazos escritos, la letra, se desencadena un cambio en sus conexiones y circuitos neuronales, de manera que se verán afectados el comportamiento físico y el comportamiento psíquico, equilibrándolo y orientándose así el individuo.

La tecnología actual, con la multitud de posibilidades que nos brinda para comprender el funcionamiento del cerebro, es el marco ideal para poder explicarnos los motivos por los que la persona que hace grafoterapia —siguiendo los procesos naturales de aprendizaje—, empieza a sentirse cada vez mejor.

Aprovechando que las nuevas tecnologías permiten observar el funcionamiento del cerebro a tiempo real, se podría hacer el seguimiento correspondiente en personas que están realizando sus ejercicios grafoterapéuticos,  y ver cómo su cerebro se activa y, por tanto, es estimulado de forma diferente a lo habitual.

Se requiere que los neurólogos hagan estudios, en tiempo real, de la variación bioeléctrica y neuronal que se produce a través de los cambios en la escritura.

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